La primera vez que me separé de la nenna (y de como me di cuenta de que soy Madre)

Ayer fue el día, La nenna está a punto de cumplir tres meses, parece que ambas nos vamos conociendo mútuamente, por lo que ya voy sabiendo más o menos cada cuanto le entra hambre, duerme y cuales son sus “horas críticas”; además empiezo a ver destellos de independencia en ella, empieza a pasar más tiempo sola, en su mantita por ejemplo, y a estar entretenida, hasta no hace tanto, todo el tiempo que pasaba despierta necesitaba los brazos de alguien.

Por mi parte empezaba a tener ganas de retomar un poco mi actividad física, para ello tenía que haber una serie de condiciones:

  1. Hora: que seguro que El pappa estuviera ya en casa.
  2. Lugar: lo más cerca de casa posible.
  3. Actividad: muy preferentemente yoga, si no algo ligero para empezar

Por suerte todas estas condiciones se dieron. El polideportivo municipal está cerquita de casa (4 minutos de reloj en coche) y tenían clases de Yoga los lunes y miércoles a las 20,30. Así que pedí mi inscripción y me dispuse a empezar las clases…

Como no, cuando salía de casa, nuevamente volvía a aparecer el dichoso sentimiento de culpabilidad; aún así decidí ir, La nenna estaba bien, le había dado justo de comer antes de salir, no estaría mucho más de hora y media fuera de casa, y sobre todo, se quedaba con su padre…esto es algo que no llego a entender muy bien porque me pasa, El pappa y yo lo compartimos todo;  yo no pienso, ni por asomo, que la crianza de los hijos sea exclusivamente algo exclusivo de las madres, ni él tampoco; y aún así siempre tengo la sensación de estar delegando responsabilidades cada vez que le pido a El pappa que me ayude con algo de La nenna.

La maternidad me sorprende cada día y este ha sido, para mí, uno de los “sentimientos sorpresa” ¿Cómo puede ser que yo, criada en la igualdad entre hombres y mujeres, con fuertes convicciones feministas, con una carrera profesional y unos cuantos etcs; sienta que es más mía la responsabilidad de criar a nuestra hija que de El pappa? ¿Alguien me puede ayudar a resolver este enigma?

En mi necesidad de racionalizar y encontrar explicaciones a todo, se lo achaco a varias cosas, al instinto; a que por ahora, de mi depende su alimentación, y eso es fundamental; a las hormonas que siguen haciendo de las suyas; a una estructura todavía patriarcal que subyace en la sociedad…el caso es que por mucha explicación que intente darle sigo todavía sumergida en mi asombro de cómo puedo tener estos sentimientos tan “chapados a la antigua”

A pesar de todo esto, nada me detuvo y ayer, fui a mi clase de Yoga y debo reconocer que  una vez llegué allí, el sentimiento de culpabilidad desapareció y se sobrevinieron algunos otros extraños. Para empezar, me resultaba raro estar allí sin la pequeña, era raro porque en el fondo, aunque La nenna tenga tres meses, hace un año que ya no estoy sola y que llevaba yendo a todos los sitios con ella; cuando me presenté a los compañeros me dieron ganas de añadir aquello de:…y tengo un bebé de tres meses; es como si mi presentación no estuviera completa sin esa parte, como si se hubiera vuelto algo tan sustancial en mí que todo el mundo tiene que saber que soy “Madre”

foto-super-mmama

Os parecerá raro pero creo que en realidad es la primera vez que he tomado conciencia en todo este tiempo, de que efectivamente soy Madre; que ya nada es igual, que es algo que forma parte de mí y que me describe al igual que hasta no hace mucho lo hacía a que me dedico, donde he vivido, cuales son mis aficiones…ser madre es una nueva parte de ti, una parte fundamental, y ¿cómo no va a formar parte de tu presentación? me dije a mi misma: “asúmelo de una vez, eres la misma pero todo ha cambiado”

¿Y por qué me ha costado tanto asumirlo? Porque en el fondo aunque queramos mucho a nuestras madres a todas nos ha salido alguna vez la frase: yo no quiero ser como mi madre; porque vivimos en una sociedad, sobre todo en el ámbito laboral, que ser madre parece algo negativo; porque tienes la impresión de que te vas a volver una pesada, maniática, miedosa, psicótica…y todos los “-ticas” que os queráis imaginar; porque tú eres tú y la maternidad no te va a cambiar; porque te has esforzado toda tu vida para ser lo que eres ; porque tienes muy claras tus prioridades y nada te da miedo…y porque lo tenía muy claro porque iba a seguir siendo yo pero con una hija y nada iba a cambiar.

Pues le digo a mi “yo” que lo siento mucho pero que todo ha cambiado, que sí que te han salido manías que ni te imaginabas; que tienes más miedos que nunca; que haces cosas que hacía tu madre, y que muchas veces ves y piensas cosas sin sentido. Eres Madre y eso es irreversible, tienes nuevos miedos, angustias y temores; pero también una nueva ilusión, la más grande del mundo; y la sonrisa más bonita que haya nunca visto cada mañana. 

Así que querido “yo” espabila, olvídate de todos tus prejuicios, afronta tus temores y asúmelo de una vez: Todo ha cambiado, ahora eres Madre.

 

 

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