Querida amiga eres una gran profesional (O de cómo un jefe te puede quitar valor profesional por ser madre)

Querida amiga:

El sábado estuvimos comiendo los 6 juntos…sí ya somos 6, pasamos de 2 a 3, de 3 a 4, de 4 a 5 y de 5 a 6. Cómo han ido cambiando las cosas en estos 20 años!

Estuvimos conversando durante unas pocas horas, poquísimas a comparación de todas las horas que pasábamos antes juntas; y la mayor parte del tiempo lo hicimos sobre el tema que ocupa ahora la mayor parte de nuestras vidas: la maternidad. Cómo la vivimos, cómo la sentimos, cómo nos ha influido, cómo nos ha cambiado…

Te preguntamos que tal había resultado tu vuelta al trabajo, y tú nos hablaste de tu mezcla de tristeza, decepción, impotencia…de repente, te habías sentido relegada a un segundo plano;  en proyectos en los que eras la cabeza visible te habían mandado al banquillo, sigue trabajando desde el banquillo, tan duro como lo has hecho siempre, pero ahora nadie te verá lucirte.

¡Qué injusto! ¿Verdad? tantos años trabajando para la misma gran empresa, dedicándole lo más valioso que todos tenemos: tu tiempo, y ahora que les pediste un poquito de ese tiempo te lo pagan así.

Soy madre pero también una profesional, me dijiste. No hace falta que me lo digas querida V; te he visto crecer, te he visto esforzarte, te he visto sacar las mejores notas, te he visto ascender profesionalmente, te he visto matarte a trabajar, te he visto ser brillante y brillar; y luego te he visto ser feliz con tu embarazo, preocuparte cuando empezó a ir mal, tener el valor de traer a una niña a este mundo dos meses antes de lo que le tocaba, sufrir viendo a tu pequeña a través del cristal de una incubadora, esforzarte al máximo para que saliera adelante, he visto la alegría de llevártela a casa, renunciar a esa parte que era tan importante para ti y coger unos meses de excedencia para asegurarte que tu pequeña estaba bien.

Te he visto tener tanto valor, y ahora que yo soy madre; lo apreció aun más, lo admiro aun más.

Es como empezar de cero me dijiste, lo que había ganado con el esfuerzo de años, lo he perdido de golpe y vuelta a empezar, pero tú siempre optimista, estás determinada a demostrárselo de nuevo; es lo mismo pero con la ventaja de la experiencia que ahora me dijiste.

Y aun así, te sentías mal, frustrada; ¡cómo si mis capacidades por el hecho de ser madre hubieran disminuido! exclamabas. El trabajo lo hago igual, no le puedo exigir a nadie que me lo reconozca, pero en el fondo todos necesitamos sentirnos reconocidos.

¡Y así es! Sigue esforzándote y lo volverás a conseguir, estoy segura: Mientras tanto, y si te sirve de algo, aquí tienes una admiradora, alguien que siempre ha sabido de tu valor incalculable, que siente por ti un gran respeto como profesional, que piensa que hay pocas (y pocos) profesionales como tú.

Y como dijimos el otro día, ahora tenemos una razón más para esforzarnos, nuestras hijas, porque al igual que nosotras tuvimos más oportunidades que nuestras madres y a su vez ellas más que nuestras abuelas; tenemos que seguir trabajando, ahora más que nunca, para que ellas sean siempre reconocidas en todos los aspectos de su vida, para que ser madre no reste sino que sume, porque mejoras tus habilidades, tu empatía, porque das de repente el 200%, porque adquieres un valor único y porque ellas se lo merecen todo.

Siempre tu amiga,

Alba

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